viernes, 18 de agosto de 2017

Sensorama: La Meditación Guiada

Noche. Viernes 11 de agosto. Durante varias horas, la idea de un concierto se transformó en un misterio. Cuando amablemente recibí la invitación de Josué, me pidió que llevara unos googles. Le indiqué que no tenía, sólo unos lentes de seguridad y me pidió que los llevara. Pregunté si se trataba de algo con agua y pregunté si era necesario llevar toallas, me dijo que no. Pero si no era extraña la petición, me dijo que en otro caso, llevara una tela que dejara pasar la luz, que no se trataba de cancelar la visión totalmente. Extraño y sorpresivo.

El Municipio de Nicolás Romero guarda muchas sorpresas en su crecimiento urbano desordenado. Una de ellas, fue el punto de reunión de la cita: una zona de hermosas cabañas en un fraccionamiento llamado Loma del Río. El punto de reunión, gozaba efectivamente de un potente rugido constante del río cercano.

Los selectos invitados (excepto yo), llevaron cobijas y los integrantes del grupo recogieron junto con los googles. En lo que esperábamos, el comentario general, incluso del dueño de la casa, era que no teníamos idea de que se trataría el concierto.


Kitze, una de las integrantes del grupo, nos recibió con un ritual con la intención de armonizarnos y quizá hasta para bajar la alta velocidad que el estrés de la vida diaria nos procura.

Los googles fueron preparados para quedar traslúcidos. Así que fuimos guiados por varias manos para poder sentarnos después de bajar unas escaleras extrañas y pequeñas. Lo único que se podía distinguir, eran luces de colores parpadeantes.

Ya había una música con instrumentos prehispánicos sonando. No puedo decir precisamente música prehispánica porque un maestro me explicó alguna vez que si bien se conservaban los instrumentos de aquella época, no hay registro de cómo los tocaban y que figuras musicales hacían, sólo tocarlos genera una intuición de lo que era la música de aquellos tiempos.

La música grabada dio paso al sonido de los instrumentos que evidentemente se encontraban ahí y que varias personas estaban ejecutando. Una voz femenina nos indicó que todo esto se trataría de una meditación guiada, llamada Sensorama. Ambientada con esos instrumentos, una guitarra acústica con un efecto de reverberación y de fondo ese potente río.

Las palabras eran de reflexión. Cuestionamientos. Era posible contemplar las posibilidades de eliminar todas las imposibilidades que nos imponemos en la vida.


Disfrutar la vida haciéndola, respirando, sintiendo y armonizarla con nuestros objetivos, nuestras metas y cómo procedemos para lograr u obstaculizarnos ese camino. La armonía en la vida se vuelve un objeto valioso, inalcanzable por costo, alcanzable por actitud.

Pero la propuesta de esa noche era precisamente ofrecer la posibilidad de contemplar la posibilidad de alcanzar esa armonía: Apagando la vista, apagando el juicio, apagando la contemplación que anticipa.
Me explico: al no tener la vista en su ejercicio pleno, apagamos el juicio que nos hubiera generado poder ver el tipo de instrumentos que había en el escenario (¡ah, van a tocar ese tipo de música!), hubiéramos caído al encanto del ambiente fácilmente, hubiéramos abierto nuestra expectativa e incluso si adivináramos que uno de los músicos levantaba la mano con un palo para pegarle a un enorme tambor... todo hubiera sido… predecible, más fácil de digerir. 

Pero ante la sorpresa, la expectación, nos quedábamos sentados donde nos indicaron y en mi caso, por un largo rato tratando de analizar, entender todo ese mar de sensaciones que se me estaban generando. Recordé a alguien que sabe escuchar y quise copiar lo que hace: coloca las manos juntas, con las palmas abiertas hacia arriba, obligándose a recibir, cosa que no hace alguien con los brazos cruzados. Y me coloqué así. Ahora el objetivo no era tratar de entender, era recibir, dejar que mi cuerpo se llenara de sensaciones. Me percaté que cerré los ojos por inercia, cuando en mis manos abiertas alguien colocó un poco de… ¿qué es esto?, ¿se come? ¡Es tierra! Y la acerqué a mi nariz para confirmar… un delicioso olor, el olor de tierra un poco húmeda, que genera varios sentimientos, tocarla, frotarla, olerla. Fue una lluvia de recuerdos y sensaciones. 


Ahora una voz masculina nos incitaba, nos empujaba en medio de nuestra situación a reflexionar… pensé en todos los prisioneros que meditan sin querer. Pero aquí había esperanza porque en todo lo que nos decían estaban las posibilidades, las opciones que se pueden tomar o no en la vida. La música subía y bajaba de intensidad. Golpes inesperados de tambor provocaban miedo, sorpresa y aún más expectación. Una pluma de ave pasó suavemente por mi cara, un poco de agua y en medio un delicioso pedazo de queso con un poco de vino tinto (lo supe por el sabor, no por el color que no podía percibir), dejándome degustar el conocimiento, la sensación que provoca morder algo suave y una bebida alcohólica combinados. Por eso siempre sugieren el vino con el queso: ambos lados de la moneda.

Nos pidieron que nos pusiéramos de pie, la intensidad de la música era muy alta, imposible moverse al ritmo o ponerme a cantar. Ya había aceptado la invitación: ya quería yo ser parte de la música. Quería dejar mi cuerpo lleno de esas sensaciones moverse como quisiera, como pudiera, haciendo el esfuerzo por mantener el equilibrio ante tal ceguera. 
¿Cuánto dejamos de percibir porque TODO lo queremos ver y controlar?


Alguien me acomodó de frente a otro invitado. Nos hicieron mover las manos en algo que no comprendí muy bien, pero a ratos, el roce con la mano de mi compañero se sentía muy suave, cálido, pero me hacía sentir más solo, porque sabía que había alguien más frente a mí con la misma imposibilidad de verme… fue una sensación de darse cuenta de cómo puedes ser responsable con quienes te rodean, pero si no los ves (aunque tengas los ojos abiertos), están igual de solos, esperando algo de ti. Que antes de este contacto, era como sentirme únicamente responsable de mí mismo.

Diversos instrumentos prehispánicos cuyos nombres no me sé. Estando de pie, fuimos expuestos a un Digeridoo, o Palo Azteca le dice su dueño, cuyas vibraciones cerca del cuerpo producen muchas sensaciones, sorpresa, miedo hasta sentirse indefenso, pero… rico.

Un cuento de cuarzo. Ese sí lo conozco. Sé cómo su vibración penetra, es profunda. Sentir su frecuencia hace que nuestro cuerpo trate de alcanzarla instintivamente. Y eso ayuda a calmar mucho.

Nos piden que nos quitemos lentamente los googles (en mi caso los lentes de seguridad). Hay silencio porque estamos extasiados. Por fin vemos a los músicos: Josué, Pato, Angie, Cris y Kitzé, quienes se encargaron de llevarnos muy lejos sin movernos de ahí. Las extrañas y pequeñas escaleras eran de esta forma porque estábamos dentro de una alberca vacía, que se prestó perfectamente como el escenario ideal del evento.



Nos preguntan por nuestra experiencia, pero nos cuesta trabajo encontrar palabras, poco a poco nos vamos animando a expresar nuestro sentir y pensar: agradecimiento.


Aún días después, el éxtasis se saborea en el cuerpo.

Esta propuesta, debe continuar. Debe ofrecerse a más gente. Debe ser accesible.

Este testimonio vale como mi agradecimiento profundo a Josué que me invitó y a todos los que hicieron esta experiencia en nuestro espíritu.

Hay más qué decir. Espero comentarios de quienes estuvieron conmigo esa noche, de un pasto amable a nuestros pies descalzos y perros cariñosos. 


(De las fotos, ¿qué les puedo decir? Es difícil tomar fotos sin ver.)



viernes, 14 de julio de 2017

Descubriendo a Hilo Negro


Jueves 13 de julio, 2017. Fue nuevo para mí saber que tratar de llegar al primer cuadro de la Ciudad de México, a las diez de la noche, en un jueves, desde la estatua de la Diana Cazadora, es un trayecto calculado por Google Maps de 47 minutos (cuando no debería tomar más de 10 minutos), pero todo es consecuencia de la cambiante ciudad. Después, en pleno desconocimiento de qué estacionamiento es el adecuado, dar otras tres vueltas para encontrar uno que como cuento de Cenicienta, a las 12 se acaba el encanto y cierra (sí, debí preguntar por otro más adecuado).

Caminar a la calle de Donceles es un paseo agradable porque todavía hay personas disfrutando la ciudad y de un puesto de tacos de pastor.

Para llegar a La Capilla de los Muertos, de debe entrar por la pizzería del Perro Negro y se llega a un buen foro para la presentación de grupos: un buen sonido para un lugar con la acústica adecuada y buena visibilidad desde cualquier punto, en un lugar calculado para 140 personas.

Ver un enorme aparato de aire acondicionado funcionando, refrescando el ambiente, me hizo recordar aquellos años del foro Tutti Frutti (llamado hoyo funky), donde casi en el mismo espacio, cada presentación era una vaporera humana. Pero dice Gerardo Enciso en una vieja canción: “Los tiempos cambian, dice mi doctor”. Y esos cambios me intrigan porque así como se han ganado muchas cosas en los aspectos técnicos, hay cosas que se han perdido en el camino, como precisamente, la presencia del rock nacional (pero, eso es otro boleto).


“Algunos dicen que rock se está muriendo”, dice a través del micrófono Julieta Soto, vocalista de Hilo Negro, señalando que ellos están ahí, que ellos han trabajado por diez años, que ya tienen tres discos editados y acaban de lanzar uno nuevo (que faltó poner a la venta esa noche). Bueno, si al mainstream no le interesa, allá ellos, porque precisamente este es un grupo que no tiene ganas de complacer “a las masas” para ganar presencia.

Debo admitir que conocer a Hilo Negro por sus videos no les hace plena justicia: su presentación en vivo está llena de la energía que produce un sonido poderoso en cada canción, una buena convivencia en el escenario, llena del contagioso placer que transmite la banda por estar ahí, tocando, gritando, riendo y… roqueando.
Es curioso responder a la pregunta ¿y ellos qué tocan?, porque cuando contesto Rock, me responden con otra pregunta: ¿Cómo? ¿Rock como qué?
















Hilo Negro son: Guitarras Michel Duhart e Ismael Frausto, Bajo de Alan Galicia, el baterista Iván Morales y en la voz Julieta Soto. Y cada uno, en su momento adecuado, suena poderoso en intensidad y figura. La guitarra explosiva de Ismael se empalma al trabajo ambiental y diría descriptivo de Michel, bien apoyados por un cachetonalgóngordito sonido del bajo de cinco cuerdas de Alan. La batería de Iván, amplia en recursos físicos y argumentos, difícilmente baja la velocidad porque de lo que se trata es de hacer rock. Sí. Rock. Es decir, una banda con dos guitarras, una llena de efectos diversos, otra llena de distorsión en varias modalidades, una batería enorme y un profundo bajo… caramba… cuando ves una alineación así, lo que hace Hilo Negro es lo que estás esperando escuchar. Pero además, la voz. Si estamos hablando de instrumentos poderosos, la voz de Julieta lo es, sumada a una presencia escénica expresiva y llena de energía.

El concierto adquirió esa tonalidad íntima de las bromas personales con el público asiduo al grupo, familiares y amigos fascinados con ese momento tranquilo, que se agradece en medio de tanto caos de vida. Una grata sorpresa fue ser recibido personalmente por la vocalista en su atuendo de monja de la orden de San Jerónimo y durante la presentación los músicos toman con la naturalidad los pequeños incidentes, por lo que debo decir que el escenario esa noche les quedó pequeño: no sólo porque demuestran el mismo profesionalismo ante miles que ante medio centenar de personas, sino porque la vocalista trata de llenar con teatralidad, con un lenguaje corporal flexible y muy expresivo, que, a ratos su mano pega en la cabeza del guitarrista Ismael, se tropieza con la batería, el pedestal del micrófono funciona mejor abajo del escenario, dificultades para quitarse los zapatos o Ismael al producir esos sonidos poderosos en la guitarra mueve los brazos o su mismo instrumento, se tropieza con las bases de los platillos y le pega al bajo de Alan… o el acompañante del grupo, vestido adecuadamente de diablo para la última canción, le desconecta el cable de sus procesadores de efectos… Sí, poniéndose quisquillosos como nos gusta a los mexicanos criticones, se puede pensar que la banda debería saber adaptarse a cada escenario y bla bla bla, pero todo eso es el reflejo de cómo dieron TODO esa noche.


Un gran concierto, se refrendó una amistad, fue cálido, divertido y lleno de Rock.

Y sí… hay que repetir otro concierto de Hilo Negro.


lunes, 24 de abril de 2017

domingo, 19 de junio de 2016

Por él

Por él, aprendí a amar la cultura, la cultura pop y esa clase de cultura que se considera muy sobria. Él amaba la historia. Aunque a veces, en aras de sus pasiones, prefería interpretarla que comprenderla.
Muchas veces, su visión de la vida, verdaderamente correspondía a su propia, exclusiva y subjetiva versión.
Los demás, no estábamos a su alcance de la comprensión de su espacio, tiempo y visión. Se paraba, caminaba y hacía gestos de desaprobación y desesperación.
Siempre trataba de enseñar queriendo cambiar la mente de los demás. Y quien comprendía sus ideas, de todos modos se quedaba debajo de él.
Sé que siempre le gustaba enseñar y compartir.
Y efectivamente, hacía planes para nadie… sólo para él.
Pero sí tenía un punto de vista de las cosas… aunque a veces difería de sus acciones.
Pudo ser un ciego que no se daba cuenta de lo que se perdía.
Pero intuía perfectamente lo que estaba a su alrededor, pero la humildad era un costal que le pesaba mucho.
El mundo estaba a sus pies, por eso nunca quiso recibir ayuda de nadie.
Estaba tan ciego como podía… pero… ¿no me hubieras podido ver un poco?
Varias veces lo escuché tararear esta canción que sin darse cuenta lo describía tan bien… y que sin embargo, ¿no es poco como todos nosotros?

domingo, 17 de enero de 2016

Para encontrar a Dios

Para Encontrar A Dios

Papá:
¿Cuál es mi error? ¿Cuál es el error que he cometido y que me tiene viviendo tu desprecio o indiferencia?

Crecí cerca de ti, pero no a tu lado. Y eso lo supe siempre. Porque eres la persona más difícil con la que cualquiera pueda intentar comunicarse. Incluso a eso respondes que no es cierto.

Vives en tu mundo, lleno de fantasías, información equivocada y con la perspectiva de que tu conocimiento supera el de cualquier especialista. Esas son características que no permiten comunicarse contigo. ¿Cómo sería posible acercarse y contarte algo si crees que todos tenemos una pobre comprensión de las cosas?

Crecí cerca de alguien con quien es muy difícil comunicarse, por eso me casé con alguien con esa misma característica, como parte de las cosas que heredé sin que hubiera querido heredarlas. ¿Entonces por qué la carta? ¿Por qué no sentarme frente a ti y enfrentarte?

Porque hoy reaprendí algo: no necesito eso. ¿Y por qué no lo necesito? Simplemente porque no cabe en ti la posibilidad de callar, escuchar y comprender. Esas cualidades sí están muy lejos de tu capacidades. No es broma ni lo digo a la ligera.

Y digo reaprendí, porque alguien con el único interés de ofrecerme el camino para encontrar a Dios ya me lo había dicho hace muchos años.

Verás, en los últimos meses mi estrés ha empeorado mis enfermedades (las cuales por cierto, siempre dijiste que eran inventadas o decías que yo era un hipocondriaco –sí, sé que tú lo decías, porque alguna ocasión me lo dijiste, años después cambiaste en tu mente que alguien más lo había dicho, “yo nunca lo he dicho”, repetías varias veces tratando de convencerte que no lo habías sentenciado-, pero es lo que piensas) y gran parte de mi coraje con la vida es que nunca nada ha sido como lo he planeado:
       No me dedico a lo que quiero y cada vez que intento acercarme a mis ideales, dejo que me boicoteen y mi fracaso sigue su rumbo.

Hace menos de un mes me declaré completamente decepcionado de Dios, he orado, he pedido, he cedido y sigo sin una respuesta positiva a lo que necesito. Sigo recibiendo señales extrañas que sólo me confunden más o no me ayudan a respirar tranquilo.

Pero, ¿qué fue lo que me enseñaron hace tiempo?

Resulta que los hijos, caminamos en la vida creciendo con la imagen paterna, se vuelve tan poderosa (asunto que hasta Freud determinó), que aunque creamos que no nos influye en nuestra personalidad (durante nuestra adolescencia), fluye dentro de nuestra sangre, nos hace crecer o nos mina la existencia. De aquí nace la frase “eventualmente el hijo se convierte en el padre y el padre en el hijo”, ya que en un entorno positivo, el hijo hereda el amor del padre y lo reproduce cuando se convierte en padre y compañero de su anciano padre.

En un entorno negativo, durante la adolescencia, el hijo reniega de lo que su padre le ofrece, desprecio, indiferencia, abandono o maltrato y aunque lucha contra eso porque lo sufre, no logra evitar que eso fluya en su vida y lo reproduce cuando le toca ser padre.

El asunto es que dan poderosa es ese flujo de actitudes, que se quedan tan profundamente en el subconsciente, que se traspasa a la relación con Dios.

Las religiones cristianas que verdaderamente han estudiado más, han determinado que son los papás los que fijan qué tipo de relación tendrán los hijos con Dios. Por eso la religión católica, prácticamente heredada y controlada por las mamás, está llena de imágenes femeninas (docenas de versiones de la misma madre de Jesús), de santos y rituales que no hacen otra cosa más que desviar la atención de Dios.

En aquellos días decía el pastor: “¿te tocó tener un padre que nunca te dijo que se sentía orgulloso de ti?, ¿te tocó tener un padre que siempre vivió preocupado por su propia vida sin asumir la responsabilidad de tener que guiar a un pequeño ser vivo que resultaba ser su hijo?, ¿te tocó un padre que nunca pudo expresar sus sentimientos de amor por ti? ¿Y da la casualidad que tienes una mala relación con Dios?, pues no es una casualidad. Si tu padre fue un papanatas que nunca te supo orientar, enseñar y dar cariño… ¡no estoy hablando de cosas materiales, porque esas eran sus obligaciones, estoy hablando de la herencia más valiosa: amor! ¡Si no tuviste esas cosas elementales, da por hecho que tu relación con Dios va a estar igual de dañada que la de tu padre de carne y hueso!”

“Pero aquí les tengo una noticia mis queridos: tu padre terrenal, tarde o temprano te va a fallar, porque es una persona y si nunca superó sus propios dolores o nunca asumió sus responsabilidades espirituales de guiarte, de encaminarte a lo que te va a dar todo, que es el camino del Padre Celestial, te va a costar mucho trabajo entender que Dios es un Padre que nunca, entiéndelo bien, ¡nunca te va a fallar!”

“Comienza a dejar atrás los dolores que tu padre terrenal te ha infringido, comienza a creer, a crecer… a confiar.”

Y en aquel año, lo entendí. Te juro que lo entendí. Y me sentía tan bien, tan tranquilo que fue cuando hasta me llevaba bien contigo, porque había logrado separar mi entendimiento de Dios.

Y te juro (me divierte la idea de que te rías de esto, porque está muy encima de lo que puedas dar), te juro que amo a Dios. Te juro que cuando he orado solamente para tranquilizarme, no pedir, la paz es tan grande, que me gustaría morir así, aprendiendo a no pedirle, aprendiendo a recibir lo que me ha dado y lo que no me ha dado.

Dios es fabuloso. Lo sé ahora.

¿Y por qué estaba enojado con él hace poco? Porque mis necesidades materiales han crecido y en el trabajo nada mejora, porque he intentado negocios que no funcionan, porque anhelaba tanto publicar un libro pero el formato en el que me lo publicaron no me dio muchas satisfacciones. Porque he buscado trabajo en lo que yo quiero hacer que es escribir y no hay oportunidades.

Porque cuando me separé de mi esposa, me sentía completamente seguro de que iba a salir adelante con el apoyo tuyo y sólo encontré el constante reclamo de “mi casa, mi casa”, hasta insinuaciones de cosas desaparecidas cuando yo debía enojarme porque encontré libros míos en tu casa (libros que yo compré y nunca te regalé y de nuevo los dejé ahí) y me di cuenta que todas las cosas que siempre procuraba regalarte con mi mejor esfuerzo, nacido de mi agradecimiento por enseñarme buena música y amor por el buen arte, eran cosas que dejabas botadas y arrinconadas… sí, tarde me di cuenta que lo que yo te daba siempre fue poca cosa. 

Incluso me dijiste que al vivir en tu casa (que no usabas), yo vivía con privilegios y comodidades que como me diste a entender, prácticamente no me las merecía (bueno, creía que a un hijo se le tiene que dar). Además, sumamos a un tío al que le estoy muy agradecido su apoyo y compañía, pero que me puso en la situación complicada de que todo… no quería usar la palabra, pero la verdad es que era un chismoso. En toda la extensión, porque no hacía más que contarte cosas e interpretar otras, sinceramente me quedé sorprendido de todo lo que te dijo de mí, y me siento muy defraudado por él. 

El día que le comenté que me amenazaste de que si no me divorciaba me tenía que salir de la casa, parecía que le había dado la noticia que tanto esperaba. Simplemente me dijo “no te tienes que ir, pero tampoco te voy a detener”. En todo este camino, he entendido porque tiene tan mala relación con sus hijos.

Y definitivamente todos se dieron cuenta de que no me querías en esa casa. ¿Ya la estás disfrutando?

Entonces, en ese punto, mi hija acababa de cumplir quince años, fiesta a la que no quisieron ir y lo cual a ella le dolió mucho, porque si bien, sí fue mi mamá (fíjate, fue ella la que me dijo que no les dijera a ustedes que sí fue, para que no te enojaras), NO fue con ella con quien mi hija creció. Fue con ustedes, por eso era más importante que fueran, pero a decir verdad, prefirieron su orgullo a ir (la situación de salud de mi hermana, sí era un tema delicado para que no fuera, pero ¿los demás?).

Y a tu amenaza, de obligarme a divorciarme, ¿eso le iba a regalar a mi hija de cumpleaños? ¿Por qué haces así las cosas? ¿Por mi bien? ¿O porque era la mejor manera de sacarme de tu casa llena de privilegios? Un día me preguntaste qué quería yo para que me ayudaras… te contesté “confía en mi”.

¿Es que de plano si no es ayuda económica no sabes dar otra cosa? ¿Un buen consejo? ¿Una palabra de aliento? ¿Una felicitación? ¿Una frase positiva? ¿Cómo acercarse a Dios?
La respuesta es… no. NO sabes dar otra cosa.

Y mi situación matrimonial no ha mejorado. Pero eso ya no te importa, ¿verdad?, y eso es bueno, porque voy a seguir intentándolo.

Y entonces, todo ese coraje, toda esa frustración me hizo renegar de Dios.
Me hizo exigirle, me hizo gritarle. Me hizo odiarlo. Me dolió su abandono, me lastimó su ausencia.  

Pero… ¿qué había dicho el pastor?
Ah, sí. Es cierto.
No estoy enojado con él. No estoy decepcionado de él.
Estoy decepcionado conmigo y estoy dolido por tu abandono.
Él… sólo me ama y no he sabido encontrar mi agradecimiento ni mi humildad.

Además, no sabes, ni te imaginas, desde afuera, cuánta gente me considera muy talentoso, alguien me publicó mi libro (quizá no como yo hubiera querido, pero él puso su dinero y mostró confianza en mí y no se arrepintió), si leyeras la carta que me mandaron el rector de la universidad después de evaluarme durante dos meses, de revisar mis proyectos y todos mis exámenes y que me expresan aparte de admiración, su confianza en que desarrollaré mi carrera superando los niveles que tienen establecidos –quizá a ti no te parece importante que esté logrando esto, quizá dirás que debí hacerlo hace años en lugar de ahora, pero eso si lo piensas, es por minimizarme como siempre-, puedo escribir una carta, un artículo, un ensayo, una novela, una historieta, una obra de teatro, dibujar, aprender a manejar un programa (el que sea) de computadora fácilmente, puedo componer una canción, producirla, grabarla, hacer entrevistas, ser locutor, subirme a un poste y arreglar la luz y solucionar cualquier problema técnico que se me ponga enfrente… nunca comprenderás lo satisfecho que me sentía de que los ingenieros me consideraban como el que siempre los sacaba de problemas, desde un formato en la computadora con fórmulas hasta solucionar una auditoria del gobierno. Soy un buen maestro, siempre pro-activo en el trabajo, a pesar de tener que trabajar para un imbécil que sólo ve el dinero como su objetivo presumiendo su catolicismo, he logrado que en la escuela se hagan cambios para el bien de los alumnos. Y ellos me aprecian y mis compañeros me valoran.

Eso y más son habilidades que me he forjado, de las que me debería sentir orgulloso y quitarme el grillete del dolor de un padre que no me acepta y explotarlos.

Has hecho cosas que me han hecho mucho daño, muchas me avergüenzan porque me siguen causando problemas, pero como dijiste una vez, “sólo son payasadas”… y ¿sabes? Sí. Lo serán.
Porque ahora, entiendo algo: debes escoger en la vida, seguir arrastrándote en la vida esperando que tus padres te acepten, que te quieran… o dedicarte a crecer, a darte cuenta que escoger a la familia siempre será lo correcto, ¿no te gustó que no me quisiera divorciar? Deberías sentirte orgulloso de que he intentado luchar por mi familia, por estar cerca de mi hija. Deberías sentirte orgulloso que no ando siendo infiel a mi esposa, que no despilfarro el dinero en alcohol u otros vicios, que no soy egoísta con mi tiempo y trato de estar con mi hija.

Pero esas cualidades que personas que moralmente aprecio me han hecho valorar, son defectos de carácter para ti.

Pero eso ya no me preocupará. Porque sé que es lo correcto, y aunque no lleguen a buen término, y me tenga que divorciar algún día, sé que lo estoy intentando y que Dios eso quiere.

Por cierto, simplemente por cortesía, ve a cualquier tienda da aparatos auditivos, pregunta por los precios, para que confirmes que no te estoy tomando el pelo como me lo insinuaste. Pero en serio, hazlo.

¿O quieres que me acerque a ti solamente por cosas materiales? 
NO tengo lo que necesito, pero definitivamente, no quiero eso de ti. Simplemente me hubiera gustado amor y aceptación.

Pero claramente nadie da lo que no tiene. Y tú no lo puedes dar, porque nunca lo recibiste ni lo supiste otorgar.

Entonces, llegamos al final.
Sí, mis necesidades materiales siguen. Y seguirán, pero Dios proveerá.

¿Entonces ya entendiste?

Escojo al padre que sabe escuchar, al padre que da amor, al padre que sólo quiere que mi relación con él esté bien, al padre que sólo quiere que sea feliz.

Gracias por las cosas buenas que he tomado de ti. Pero hay muchas más que no quiero. Así que, ahora el hijo NO se volverá el padre.

Con amor.

jueves, 19 de noviembre de 2015

La Boda de un buen amigo

Han pasado 20 años. 
Desde la calidad de unos videos VHS, hace ya seis años que me encargaste que los transfiriera a la computadora. ¿Puedes creerlo? Ya desde ese tiempo no nos vemos. Cuando estábamos tan acostumbrados a la camaradería diaria. Son días que se extrañan. Pero lo mejor es que las buenas amistades sobreviven a estas cosas tan difíciles. Mi querido amigo Ángel: sabes que siempre te desearé lo mejor en la vida, que siempre tengas a tu familia cerca y a Dios más cerca.

Te mando un abrazo mi estimado amigo.



Los videos yo los tengo listos en unos discos DVD's. El segundo me está costando más trabajo subirlo, este es nada más el primero. Puedes verlos aquí o descargarlos en tu compu. Como desees.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Un día de visita al Zócalo en 1 de Noviembre 2015

Definitivamente los mexicanos disfrutan las fiestas.
La parte más peculiar es la de aguantar y soportar multitudes, calles congestionadas (5 de mayo dedicada al peatón se vuelve muy difícil muy muy difícil de caminar).
El ruido.
Aunque en realidad parece que la mayoría de la gente busca ese ambiente.

¿Las ofrendas? Sinceramente, muy malas.
Algo tan significativo para las generaciones maduras como el temblor de 1985, pudo ser un altar emotivo e ilustrador para nuevas generaciones.
Pero el diseño fue simple, lúgubre en lugar de festivo y sin un nexo con los muertos de aquel día.
No era necesario que fuera monumental. Hasta hubiera agradecido fotos de las personas, de los eventos. Eso hubiera transmitido más la memoria viva (porque muchos testigos seguimos vivos) a las generaciones que no imaginan en muchos casos las dimensiones de lo que sucedió.

Y la confusión reina el lugar.
La gente piensa que la tradición es prehispánica y no reconoce los elementos mestizos en la celebración. De hecho, la Catrina, creada en los talleres de José Guadalupe Posada y bautizada por Siqueiros, y símbolo fundamental de la fiesta, andará rondando los cien años de edad.

Y la confusión por seguir la tradición con disfraces de brujas, demonios, zombies y más creaciones extranjeras. La amalgama termina llena de colorido pero ya sin mucho sentido.










Lo que entendí que se trataba de la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de México, ofreció un concierto de una variedad musical entre lo regional y sacro. Los integrantes del coro, sí, estaban maquillados.












 Se colocaron unas vallas de protección que evitaban ciertamente el amontonamiento de las personas, pero hubieran sido terribles en caso de una emergencia. Surgió que las colocaron porque algunas estructuras habían caído por el fuerte viento dos días antes.
 Y no faltó quien quiso ofrecer información religiosa sobre lo malo que es llevar a cabo estas tradiciones... la información quizá no sea mala, pero el modo de gritarla, no es la manera de llegar a la gente.